The day of Cthulhu capítulo 22

sábado, 10 de abril de 2010

"Ahí está el sifiloso" Dijo la profe
"¡O te callas o te abro la cabeza!" Espetó Carl.
Discutieron hasta que la mujer cogió a Charles Munger del brazo y subió las escaleras.
"¿Tienes fiebre? Dijo el médico que corrías peligro de coger una infección"
"Carl, hay algo ahí arriba...no les dejes subir, vayámonos de aquí"
"¿De que hablas, está Smythe arriba?"
"¡No! algo sucedió en esta casa. Se lo que le pasó a Margarite, creo que Adam Smythe son dos personas" aseguró Silver.
Carl le miró con escepticismo primero y con preocupación después.
"He visto lo que pasó. Lo he visto tan claro como si fuese la muchacha, pobre mujer...Carl, no hay que dejar que nadie..."
"Ya basta"
"Amigo, nos conocemos desde hace años. Lo que te digo es cierto como que hay Cielo e Infierno"
"Esas historias de fantasmas que lees te han afectado. ¿Conoces 'El Quijote'?"
"¡No te burles de mí! Se lo que he visto, y si no me crees ¡Puedes irte al cuerno!"
Carl le ayudó a levantarse "Tú y yo vamos a acabar con esto" La cara de Silver era un signo de interrogación.
"Como tú has dicho, somos amigos desde hace tiempo. Voy a ser tu Sancho Panza, te voy a ayudar a ver las cosas con claridad." Sentenció Carl.

Charles y La profe abrieron la puerta y se encontraron en el rellano de las escaleras que daban acceso al piso superior. La luz era escasa, aunque los fogonazos de los rayos iluminaban súbitamente la planta baja.
"¿Sientes eso?" preguntó ella. "¿La tormenta de ahí fuera? Sí, tengo palpitaciones" La profe lo miró como si fuera idiota y le hizo un ademán de silencio.
Accedieron a la planta superior, mientras la puerta del sótano se abría para dejar paso a los dos de Nueva York.
Charles seguía a La profe, ésta buscaba a tientas un interruptor.
El aire estaba cargado. Olía como si no se hubiesen abierto las ventanas en años.
Un rayo cayó cerca sobresaltándolos a los dos y mostrándoles el interruptor, La profe lo activó y las bombillas se encendieron durante un segundo antes de explotar.
"¡Dios!" exclamó Charles mientras retrocedía de nuevo hasta las escaleras.

La profe se pegó a una de las puertas. De repente una secuencia se fijó en su mente, estaba en el cuerpo de otra persona. Adam Smythe la sacudía como un pelele, sujetándola por los hombros. Lo veía hablar, era como si los sonidos llegasen a sus oídos, pero no a su cerebro.
Adam la ató a una silla en medio del pasillo, fue a su habitación y volvió con una llave, abrió una de las puertas y... la pesadilla, una criatura con el aspecto de una avispa del tamaño de un mastín y con el rostro convertido en un millar de prismas blanquecinos, su aspecto era quitinoso como el de una araña de tonos oscuros, con seis patas en mitad del cuerpo y dos tenazas cerca de lo que tendría que ser una cabeza.
Sintió perder la razón, Margarite gritaba hasta romperse la voz, Adam estaba a su lado y la obligaba a mirar, aquello era real, era la misma pesadilla que La profe visualizó en los nueve monolitos, había sido una sensación del pasado proyectada en su atormentada mente. El mundo no es como lo conocemos, el mundo se retuerce, oculta lo impensable, vivimos engañados, la pesadilla existe "¡Adam! ¿Porqué me haces esto? ¿Porqué me obligas a mirar?"

Charles vio a la profe asida a un pilar "Susan, pequeña ¿Qué te pasa?" tenía la mirada perdida y se mordisqueaba los dedos, mientras la sangre le empezaba a brotar entre jirones de piel. "¡Para! ¿Qué haces? ¡Contéstame!" gritó Charles
"¡Adam, no, no! ¡Aleja esa cosa de mí! ¡No, Adam, no me obligues a mirar! ¡No es real, no es real, no puede ser real!"

2 Comentarios:

On the road dijo...

Hola.

Si nos dejas tu correo electrónico, intentaré incluirte en la lista para que recibas los avisos cuando haya un nuevo cuento.
Gracias por tu interés.

Aprovecho para comentarte que el 20 de abril presentamos un libro de relatos y nos gustaría verte por allí si te es posible.

Saludos.

José Luis de las Muelas dijo...

Otros horrores vendrán a descubrir que la pesadilla de la realidad era tan sólo el más dulce de tus sueños.

Pero lo peor no será ese conocimiento sino el hecho de pensar que ahora no querrías conocerlo, pero sabes que antes no habrías parado hasta, por lo menos, tan sólo...