Eclipse

martes, 24 de agosto de 2010

El suelo chilla.
¡Raaas!
Al suelo le duele cada paso. Los adoquines rezan por no ser pisados por el miembro inerte. Éste se arrastra de nuevo y rasga el suelo con su bota afilada.
¡Raaas!
Trozos de suela se quedan entre los poros de los adoquines.
Fuera parece que es de día, pero la noche se ha vuelto sobre el astro rey.
¡Raaas!
Si siempre habitases de noche y se te concediese la gracia de salir una vez entre luna y luna ¿Qué harías?
Traga saliva. Blanca y lechosa. Se atisban erupciones blancas en la lengua.
¡Raaas!
La gente usa gafas de sol para mirar al cielo, o un espejo para no dañarse los ojos.
¡Raaas!
Se para. El adoquín frente a la bota respira aliviado. El traje de 1200€ que vistió un hombre un día, ahora languidece sobre la piel nodulosa.
Un niño comparte un espejo con su padre, miran atentamente cabizbajos.
Husmea, el retoño no tiene más de trece primaveras. Alza el mentón y mira al Sol luminoso, el cual le está prohibido. Cuanto tiempo sin encontrarnos. Observa la nuca del lechón, aspira y vuelve la vista al cielo de nuevo.
Huele a rancio. El padre se gira y el niño ya no ve el reflejo del fenómeno. El padre tapa los ojos a su retoño. Sin querer lo pone delante suyo, dejando a la vista un cuello joven y carnoso.
Las zarpas agrietadas acarician la piel tersa.
¡Raaas!
Están frente a frente, nariz contra nariz. El hombre siente el aliento viciado. Ahora es el otro el que le muestra el cuello mientras observa el cielo de nuevo. La piel se agrieta, salta como puntos de una herida abierta. Algo alargado y grande como la yema del meñique se escapa entre los pliegues.
Una sonrisa macabra y todo ha terminado.
Cuando el Sol devuelve el color a su piel, el padre despierta de su ensimismamiento. Sigue en la misma postura ¿Cuanto tiempo ha pasado? El niño no se ha movido.
Sigue sujetando la cabeza de su hijo, pero no se atreve a mirar hacia abajo.

Todas las noches acude a la habitación del niño. Siempre se arrepiente de no haber hecho más. Se quedó inmóvil y hay consecuencias.
Mira la cama. Culpa. Mira la cama. ¿Por qué? ¿Por qué no me moví?
Una respiración débil. La infección del cuello no remite. Intenta descansar, pero las pesadillas y el asma le privan de sueño. Las horas se hacen interminables hasta que vuelve el Sol.
Cuando el pequeño consigue dormir, su padre deja la puerta abierta y una luz encendida.
Todas las noches, en sus sueños, huele a podrido y alguien acaricia la ventana con las uñas. Pero hoy no, hoy no tendrá pesadillas, hay eclipse de Luna.


4 Comentarios:

José Luis de las Muelas dijo...

El relato me ha encantado. Casi he contenido la respiración sabiendo qué se avecinaba. Muy bueno.

Sigue así Luferbal.

luferbal dijo...

Gracias :-)
Lo escribí del tirón en media hora, sólo corregí dos palabras.
Llevaba tiempo buscando la inspiración y la musa apareció de nuevo.

jkdvalencia dijo...

Hace tiempo que no escribes nada, ¿qué tal una historia jugando con el efecto Doppler? ;p

luferbal dijo...

Si que es cierto que hace muchísimo que no escribo, la Psicobiología me tiene absorbido. Voy siempre con los apuntes en la mano y dándole vueltas. Es una asignatura muy dura y quiero aprobarla.
A ver si encuentro un hueco y publico algo :-)