Montañas salvajes 2. Die Mannen i Parden

sábado, 4 de mayo de 2013

Cerca del río Cigüela, Hontanaya.

El cielo era un manto blanco, la partida de seis caballos con sus respectivos jinetes, se hallaban en el camino del olivar. Bajo la colina, todavía a 3 horas al paso, estaba Ontunuya, un poblado de medio millar de almas, al este del río Shego.

Las armaduras tintineaban y se mezclaban con el canto de los jilgueros. Al entrar en el poblado desmontaron, como era costumbre, y saludaron a dos ancianos que discutían sentados bajo una encina.

El capitán entro en la taverna con el bacinete en el brazo izquierdo
"Vengo a detener a un amanerado llamado Gabin"
Un hombre de piel oscura y pelo canoso sonrió al ver al sargento. Éste era alto, pelirrojo, de hombros anchos y facciones marcadas. Al contrario que el resto de jinetes, él llevaba el pelo cortado a cepillo, en vez de lucir largas trenzas.

"Pareces una mujerzuela con ese pelo tan corto ¿Se te cayó al estornudar?" dijo Gabin. Omer rió "Una herida en la cabeza, tuvieron que afeitarme para que no se me saliese la mollera" "¿Herida, que pasó?" "Después te cuento, antes sácanos algo de beber".

Gabin sirvió dos cuencos altos de cerveza tibia y con mucha espuma, junto con encurtidos de la tierra. Su mujer, una pelirroja de corta melena, atendió a los soldados que habían tomado asiento en el porche disfrutando del Sol de mediodía.

"¿Te trata bien la vida, negro?" Preguntó el sargento con la confianza de un antiguo amigo
"No me puedo quejar, los hombres de los caballos son gente de buen beber"
Se dejaron llevar por los viejos tiempos durante dos cervezas más, aunque ambos sabian que la visita no era de cortesía

"Gabin, tu viviste un tiempo en Castilla"
"Cierto"
"¿Tienes gente de confianza allí?"
"Hombre, la vieja compañia"
"¿Alguien más de confianza que unos mercenarios?"
"Sergeant Omer, los castellanos son hombres de honor, aquí la gente habla sin saber. Cuando un castellano jura, lo cumple. Lo he visto muchas veces."
"Si tu lo dices será verdad, pero necesito a alguien que no sea un castellano"
"Amigo ¿Qué está pasando?"
"Pues eso queremos saber. Hace unos días capturamos a unos espias de tu tierra. Tranquilo, nadie desconfia de tí, tu eres de los nuestros. Eran duros, pero al final les sacamos que estaban recabando información sobre nuestras fuerzas"
"¿Para qué? Mis paisanos nunca han tenido interés por estas tierras ni hay rencillas abiertas"
"Llevaban equipo y monedas castellanas, de eso no hay duda, eso nos dió más información que ellos. No les sacamos casi nada y ahora cuelgan de un árbol".
Gabin tragó saliva, hacia tiempo que había huido de la sangre y el acero, la vida le había dado una mujer y 7 niños.
Uno de estos entró en tropel, junto con dos amigos pecosos y rubios, alegrando la estancia con sus chillidos y risas, desaparecieron tras la barra y se olló a su querida Karina dándoles la bienvenida.
 Gabin retomó la conversación
"Sabes que me alegra que me visites, pero no se a que has venido realmente"
 El sargento respiró hondo y sacó un legajo, ofreciéndoselo.
Sin saberlo, Gabin acababa de condenarse al leer aquel manuscrito.
"Lo llevaba el más joven de ellos, bueno, aunque estaba codificado y en su lengua"
El antiguo mercenario no quería ni imaginar como le habían sacado el código al muchacho.
"En esa carta se nombra a dos de tus pupilos, Gabin."
Alzó la vista del papel, ya empezaba a entender.
"Don Alberto Saavedra, cazarecompensas y Don Fernando Onrubia, mano derecha del Marqués de Quesada. Ya somos muy mayores para creer en las casualidades, Gabin. Si esos chicos de ahí fuera leyeran esto ¿Que crees que dirían?"
La actitud de Gabin cambió considerablemente, sospechando el motivo de la visita "Me he ganado el derecho de estar aquí. Me he ganado el ser uno de los vuestros"
"¿Por colgar las armas y casarte con una de nuestras chicas? Te has ganado nuestra tolerancia, puede que incluso nuestra amistad, pero siempre serás un extranjero, al igual que tus hijos."
Gabin saltó como un resorte para echarle a patadas, pero Omer cogió del brazo, mientras atraian la atención de parroquianos y soldados.
"Si quieres ser uno de los nuestros tendrás que ganártelo. Demuestra de que bando estás. Necesitamos saber por que tus pupilos están reclutando espadas y contratando espías."
Cuando la mirada del antiguo mercenario se cruzó con la de su mujer, el sargento musitó.
"No te preocupes por tu familia, la vigilaremos de cerca"
Soltó la presa y aguantaron la mirada durante unos instantes. Gabin, vencido, rompió el silencio, mientras el sargento mandaba a la gente a meterse en sus asuntos con sólo una mirada.
"¿Qué tengo que hacer?"
"Te daremos todo lo que necesites para que nos ayudes."
Ambos se sentaron y 30 septims de oro aparecieron sobre la mesa.
"Aquí tienes dinero de sobra para empezar a soltar la lengua de tu gente; por muy castellanos que sean, seguro que nada les azuza más la memoria que la visión del oro, infórmanos tan pronto como sepas algo. Mis chicos van a quedarse un tiempo en la ciudad, puedes disponer de ellos más o menos como te parezca hasta la frontera. Saben que eres un buen hombre y que te has ofrecido voluntario para una misión peligrosa, no tienen por que saber más".








3 Comentarios:

jose luis de las muelas dijo...

Muy buena intro de personajes y como creas intriga al terminar el relato para seguir leyendo.

Me alegro que estés de vuelta.

Un saludo.

Nandi dijo...

Queremos más!

Lucas Fdez dijo...

En breve la 3a parte, gracias :)