El Puzzle de Jeleneth - Night Below

lunes, 13 de abril de 2026

 

Crónica: El Puzzle de Jeleneth

El Barón del Cordero

La estancia en Milborne fue breve pero necesaria. El grupo se refugió en "El Barón del Cordero", donde la tensión entre la fe y el acero volvió a surgir. Isabela, con su habitual severidad, exigió a Duri una muestra de fe en San Cuthbert antes de canalizar el poder divino para sanar sus heridas. El enano, fiel a sus raíces, replicó que su única fe residía en el panteón de sus ancestros; sin embargo, tras un intercambio de puyas sobre la cabezonería enana y la rectitud humana, la sacerdotisa cedió y cerró sus carnes abiertas.

Mientras tanto, Velter buscó discretamente a Andren. El joven prometido, deseoso de ayudar pero temeroso de la vigilancia de su abuelo Dirkaster —dueño de la posada—, logró filtrar seis raciones de viaje: hogazas de pan de centeno, queso curado y carne ahumada envuelta en paños de lino. Un tesoro que escondieron bajo las capas antes de partir.

El Regreso Táctico

El grupo pactó una ruta de aproximación indirecta a las minas. Recordando al cuervo que los sobrevoló en su primera visita, decidieron dar un rodeo, moviéndose bajo el dosel de los árboles y escrutando el cielo ante cualquier señal de espionaje alado.

Al cruzar un riachuelo de unos seis metros de ancho, la tragedia se hizo presente en una granja cercana. Un grupo de buitres describía círculos sobre una mancha oscura en el suelo. Velter e Iulia, los más sigilosos, cruzaron sobre un lecho de piedras. Durante el trayecto, la mediana intentó deslizar sus dedos en los bolsillos del explorador; la pericia de Velter impidió el robo, aunque el semielfo, concentrado en el peligro exterior, no llegó a percatarse del intento de su "aliada".

El Misterio de la Granja


En el exterior de la cabaña hallaron a una anciana. Su cuerpo presentaba las marcas inconfundibles de una Plegaria de Causar Heridas, un conjuro de gran poder que Dorian identificó como una ejecución mágica deliberada. Los cuerpos llevaban allí unas tres semanas, a juzgar por el estado de descomposición.

El ambiente era opresivo, roto solo por los lamentos de los animales estabulados, hambrientos y cubiertos de suciedad. Velter detectó el rastro de una persona de pie pequeño —posiblemente una mujer— que se dirigió hacia la granjera antes de entrar en la cabaña.

Dorian, solo y con la cautela propia de un mago, registró el interior. Encontró al granjero con un corte quirúrgico, profundo y limpio, que iba desde el pecho hasta los riñones. Isabela confirmó el hallazgo: el arma utilizada fue una hoja corta y extremadamente afilada.


El Puzzle de Jeleneth


Duri, experto en leer el terreno, inspeccionó un carro de paja cercano. Las pisadas pequeñas se mezclaban con otras más pesadas que indicaban un hombre cargando un bulto. El carro procedía del oeste y parecía intentar alcanzar el vado del noreste, un paso donde el carromato inevitablemente habría encallado.

Las piezas encajaron cuando Duri examinó un anillo de plata con la letra "J" grabada en su interior. Lo había recuperado del cadáver del guerrero pelirrojo, Ramor, sin reparar en el detalle hasta ahora. Junto a un jirón de tela azul eléctrico hallado entre los escombros —idéntico a la capa de la aprendiz desaparecida—, el destino de Jeleneth quedó claro: estuvo aquí.

Dorian y Duri concluyeron que Jeleneth pudo presenciar algo prohibido, convirtiéndose en un objetivo prioritario. Todo apuntaba a que Heydrus, un joven con fama de mujeriego que debía transportar leña desde la Nueva Ciénaga, podría haber sido el involuntario (o no) cómplice en el traslado de la aprendiz de maga.


Regreso a las Minas Garlstone

Tras liberar a los animales para que pudieran beber del riachuelo, el grupo regresó a las fatídicas minas. Los cuerpos de la batalla anterior habían desaparecido; alguien se había tomado la molestia de limpiar el campo de batalla.


Velter se adelantó entre los matorrales, cubriendo su avance hasta divisar la entrada. Un guardia orco, de aspecto porcino y armado con escudo y jabalina, custodiaba el umbral. Iulia, trepando con la agilidad de una araña por la pared pedregosa del oeste, logró posicionarse sobre ellos sin ser vista. Gracias a su conocimiento de la lengua orca, captó una conversación inquietante entre los guardias:



El orco del dintel, un bruto de colmillos amarillentos, vigila el exterior con la jabalina apoyada en el hombro. Desde la penumbra del túnel tras él, llega una voz cargada de bilis y un bufido húmedo.

Orco del Interior:(Gruñido ronco y prolongado) ¡Snort!… ¿Cuánto más vamos a estar aquí mirando las piedras, eh? Retiramos los cuerpos de esos malditos humanos después de la pelea, nos arrastramos por el barro para recoger la carroña y ni siquiera… ¡ni siquiera un bocado! — se escucha un golpe seco contra la pared de roca —. ¡Ni una extremidad nos dejaron!

Orco del Dintel:(Mira nerviosamente hacia atrás y sisea) ¡Cierra la boca, escoria! Grrr-ungh… Baja la voz si no quieres que el Jefe te oiga. Si te escucha soltar esas babas, te rajará de la entrepierna a la garganta antes de que puedas decir «hambre».

Orco del Interior:(Lanza un bufido porcino lleno de desprecio) ¡Que lo intente! ¡Hruugh! Me da igual. Me aburro tanto que mis hachas se están oxidando. Quiero sangre caliente, no este aire viciado. — Baja el tono, pero su voz vibra de rabia —. Nuestras hembras en lo profundo de estas cuevas… Criaturas que hay que alimentar con los muertos. ¿Desde cuándo servimos antes a las hembras que a los guerreros?

Orco del Dintel: — Son órdenes de arriba. Los sacerdotes lo quieren así. Mantente en tu puesto.

Orco del Interior:(Escupe al suelo con un chasquido) ¡Los sacerdotes! Oink-grunt… Me dan mala espina. Y el Jefe… cada vez que pasa cerca, el aire apesta a pescado podrido y cieno. No es olor de guerrero, es olor de algo… raro. ¡Yo quiero acción! ¡Quiero machacar huesos de enano, no esconder piezas para esas sombras!

Orco del Dintel: — Solo vigila, imbécil. Algo me dice que la sangre llegará antes de lo que crees… Sniff, sniff… El viento trae olores extraños hoy.


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