The day of Cthulhu capítulo 28
"No te necesito"
"¿Y quien dice que te necesite? Eres tan estúpido que no ves que he venido a matarte."
"No lo conseguirás, todavía estoy aquí."
" 'Aquí' ¿Donde? Estás en la celda donde he pasado todo este tiempo. Yo escapé, pero a ti no te dejaré salir. "
"Es mi cuerpo y mi mente ¡Vete!"
"No, formo parte de ti y me necesitas. No puedes soportar los horrores que hay ahí fuera, pero yo si; tu revivirás tus recuerdos una y otra vez, hasta que el tiempo los acabe borrando. Has dominado este cuerpo durante 50 años, pero ya no más. Ahora el tiempo es mío."
"¡No! Regresa ¡No te lo permitiré!"
"Adiós Adam, no volveremos a vernos. Ahora tengo que salvar el mundo que acabo de conseguir".
Se hicieron las nubes, la tierra que pisar, la brisa y la sangre, todo lo demás era indescriptible. El cuerpo de Adam Smythe hizó una flexión para levantarse, el pelo le cayó sobre la frente, ocultando su rostro.
"De nuevo aquí, esta vez para siempre." Vocablos inconcebibles salieron de lo más profundo de su ser, el claro en el bosque se iluminó con un verde pegajoso que manchaba la piel de sudor infecto.
El Ford T bajaba a 60km/h, más rápido que nunca. Las piedras le hacían saltar, al fondo se distinguía un amasijo de madera y ceniza húmeda, otrora un pueblo vivo.
El cielo se despejó progresivamente, no hubo más truenos, la oscuridad fue bañada por la Luna y las estrellas. El mundo parecía un poco más cuerdo. El telón se cerró de nuevo y el último tentáculo se ocultó tras él.
Los ojos bien abiertos, la artillería sonaba de nuevo en su cabeza, el miedo, el pensamiento salvaje. Algo cambió en el ambiente, Carl parpadeó dos veces. Estaba de nuevo en la montaña, un poco de luz cayó desde el cielo y al poco, varias figuras se vieron entre las estrellas.
El coche se ladeó, unas zarpas atravesaron el techo y el parabrisas empezó a fundirse como mantequilla al sol.
Carl dio un frenazo y movió el volante a un lado y a otro. Lo que había sobre el techo se agarraba bien. El cristal fundido cayó sobre la pierna derecha de Carl, haciéndole perder el control del volante. El lateral del vehículo se arrugó al golpear un árbol grueso convertido en pasta de ceniza, que se evaporó con el impacto, el Ford seguía cuesta abajo. El detective pisó el freno y redujo la velocidad a la mitad, el bicho destripó el techo y aún así seguía aferrado, Carl aprovechó para tantear el fondo del coche. Asomó la cabeza a la altura del volante y un caos de prismas transparentes apareció frente a él. La criatura apartó la cabeza a tiempo para evitar un cerrojazo del calibre 45, cuatro disparos al techo; cargador vacío.
The day of Cthulhu capítulo 27
El vehículo ronroneó con los primeros metros y luego se detuvo. La luz de la Luna parpadeó.
"Cobarde, cobarde, cobarde"
La Profe cayó como un peso muerto "Viene a por mi, viene a por mi". Se acercaba, la silueta era cada vez más grande y reconocible. "Estamos perdidos, todos", con un último aleteo la criatura se posó en tierra. La Profe se mordisqueaba los dedos, quizás un dolor alejaría al otro.
La criatura de pesadilla tenía el aspecto de una avispa con cabeza buitresca. Su piel era escamosa cómo la de un dragón. No era la misma aberración que ya había visto en su mente, sólo otra malformación del caos.
Carl vio por el retrovisor como la bestia observaba a la pareja con curiosidad. El neoyorquino averiguó sus intenciones, llevó el coche a su altura y buscó el arma. La criatura pareció asustarse al principio y luego tanteó con curiosidad la máquina negra que tenía ante si. Le dio un picotazo rápido que produjo un sonido metálico. Carl luchaba por no quedarse paralizado, esta vez no. De él dependía que la extraña pareja no acabase en las tripas de aquella aberración. Cuando la cabeza picuda se acercó a la ventanilla del acompañante...el pico de la criatura saltó en pedazos, el engendro gorjeaba y se agitaba de un lado a otro. El coche dio un giro y la arrolló a poca velocidad, para después arrastrarla colina abajo, hasta que las piedras y la tierra desollaron su quitinoso cuerpo.
En el bosque, donde todo empezó, alguien se alzaba y recogía un viejo libro, repasó cada uno de los párrafos y los recitó en voz alta. Los ideogramas de los montículos volvieron a brillar con fuerza.
The day of Cthulhu capítulo 26
Ella. Otrora tan dura, tan segura. Se arrastraba y babeaba como un bebé. Dijo algo imposible de entender, a Charles le pareció oír su nombre, se arrodilló y la abrazó. Su cuerpo temblaba poseído por el miedo. "Fuera...no...Adam...¿por qué?" También eso pareció entender. Charles miró de nuevo las escaleras que llevaban al exterior. Endureció el rostro y cogió a La Profe en brazos "Se acabó esta locura, vayámonos a casa". Uno a uno ascendió los escalones, con la clara sensación de que lo peor estaba por llegar.
Carl se estaba echándo agua en la cabeza, había perdido la consciencia durante unos segundos, pensaba él, ahora le costaba enfocar la vista. "Están todos locos" pensó "La putita esa les ha frito el cerebro a los dos. No se como lo haré, pero se van a enterar...¡Vaya golpe me ha dado la mosquita muerta!"
Se abrochó la camisa, intentó ponerse el sombrero, aunque desistió de inmediato, debido al hinchazón. "Ese desgraciado de Silver ni siquiera ha venido a levantarme del suelo". Carl pensaba en voz alta mientras iba en busca de su compañero. Silver Klaus seguía sujetando el cuaderno negro, sin darse cuenta de que se le había caído. Estaba petrificado mirando el exterior. Su cara era la representación viva del más absoluto terror. Lo que estaba viendo era real, tan real como el agua, tan cierto como las montañas o el suelo que pisaba, cierto aunque más allá de toda lógica; una criatura descomunal que podría parecerse a una babosa negra con tentáculos blanquecinos. Enorme y real, absorbía la vida y arrancaba todo cuanto estaba a su paso. Horrendo, vomitivo, era ese miedo que todos guardamos dentro, era la peor de las fobias hecha realidad. Tan ajeno a la vida de la tierra, era la muerte materializada; corriendo ladera abajo hacia Black-knob. El pueblo que ya no iba a existir, condenado, pues no había nada que pudiera detener al Guardián del Símbolo Amarillo.
Ahí estaba otra vez. Su amigo, su compañero había desaparecido ante sus narices, no físicamente claro; pero su mente ya no existiría. El alma de Silver había menguado para ocultarse de la realidad. Quedó escondida en lo más profundo de la psique, Carl lo supo enseguida. El descomunal gasterópodo pasó ante sus ojos, pero no lo vio, así como no advirtió la artillería junto a aquel río francés.
Esta vez lo que tiró de él fue su instinto. Intentó abrir la puerta principal, al no conseguirlo, destrozó una de las ventanas y corrió hacía el vehículo. A sus espaldas sonó un ruido seco seguido de un chillido desgarrador.
Charles había conseguido subir a La Profe hasta el exterior. Ella seguía en estado catatónico, él la cargaba como si fuera la novia que va a atravesar el umbral. Entonces vio los árboles convertidos en ceniza gelatinosa, vio la desolación, la criatura informe y gelatinosa en medio de la oscuridad de la noche, donde el pueblo era la única fuente de luz, como estrellas en un cielo despejado. Una tras otra las estrellas fueron apagándose absorbidas por el agujero negro venido del espacio, no dejaba más que una cáscara vacua y asquerosa. Una de esas estrellas, cuya luz iluminaba a su mujer y a sus dos pequeñas hijas, fue apagada como una más. Si había un Dios en el cielo, hasta él llegó el grito de dolor.
The day of Cthulhu capítulo 25 (Fear of the dark)
Fueron expulsados hace eones. Algunos duermen eternamente bajo el mar, en islas inaccesibles o lejos, en las profundidades del espacio. Pero la distancia no importa cuando sus conocimientos van más allá de lo que una mente joven, cómo la humana, puede entender. Y aunque pudiéramos comprenderlos ¿Qué podríamos hacer para evitar lo que está por venir?
Nuestro mundo es falso, sólo vemos aquello que está delante del telón. Si nos atreviésemos a apartar la tela y echar un vistazo, quizás nos acercaríamos a la verdad, mas todo tiene un precio. Una mente débil podría sucumbir a la realidad.
El telón, al fin y al cabo, está para nuestra seguridad, los grandes secretos esconden un gran poder que debe ser manejado con cuidado.
Aquellos que ahora duermen, un día volverán, porque su vida no es limitada como la nuestra y antes o después, hallarán la forma de retomar aquello que un día les perteneció. Pues no esta muerto aquello que yace por siempre, y con la llegada de extraños evos, aun la muerte puede morir.
En algún lugar entre las fronteras de Bélgica y Francia:
"Está refrescando de cojones" "Tengo los pies que no me los siento y 'cuatro ojos' no nos dejará descansar hasta que pruebe el chocolate belga".
La arboleda consistía en chopos dispuestos artificialmente, todos a la misma distancia. La noche había caído, el cielo se cerraba con nubes oscuras y el viento ululaba sin fuerza; trayendo restos de la humedad del río Aisne.
Los hombres se disponían a 10 metros de distancia. Los americanos estaban en una orilla, los franceses en otra.
De repente oyeron una escuadra de cazas sobrevolándolos. Se oyeron los pitidos de ataque aéreo. Cuerpo a tierra y a buscar cobertura.
"¿Son nuestros o suyos?" "¿Te crees que llevo prismáticos o que?" Desde arriba llegó una lluvia de balas que hizo saltar la endeble madera de chopo y regó los campos franceses de sangre yanqui.
"¡Carl, vamos donde los gabachos!" Carl lo oyó, pero con su respuesta llegó la artillería.
Las explosiones comenzaron a crear claros enormes en la arboleda, los hombres huían despavoridos con la certeza de que no volverían a ver la luz del Sol.
Mientras el infierno se abría, Carl se quedó de pie, las explosiones cercanas le cubrían de tierra mientras observaba el lugar donde había estado su compañero.
Cerró los ojos tratando de olvidar como los miembros de su amigo habían salido en una dirección y el cuerpo en otra.
Alguien tiró de él mientras seguía viendo la misma imagen, una y otra vez.
The day of Cthulhu capítulo 24
"Quédate ahí tranquilo, yo iré buscando ¿Te traigo algo?" "Ginebra, eso estaría bien" Carl se dirige a la cocina y oye ruido arriba. Mientras, en el salón, Silver se sienta en una silla, el vientre lo tiene más rígido que por la mañana.
Se fija en una cómoda de madera, uno de los dos cajones más pequeños está abierto unos centímetros. Se apoya con dificultad en la mesa y logra alcanzar el mueble, al abrirlo descubre que está a rebosar de objetos de mujer: Un peine, pulseras, pendientes y otras chucherías. La curiosidad de Silver le llevó a este trabajo, una vez inspeccionado el cajón, continuó por los demás hasta haber registrado todo el mueble.
Carl volvió con una bandeja "Te vas a querer morir, no sólo he encontrado el sifón y la ginebra, si no que también hay limón y una botella de granadina ¿Qué es eso?" Silver ojeaba una agenda de cuero negro muy coqueta "Es el diario de la prometida de Adam, Margarite" dijo sin levantar la vista del texto "¿Y que dice?...Silver...¿Qué que dice?" "Espera" "¿Qué espere a que? ¡Trae!" Carl intentó arrebatarle el diario, pero Silver estuvo más rápido y lo rechazó con un empujón. Carl se la devolvió lanzándole la bandeja con las botellas y los vasos "¡Ahí te quedas, tarado!" Silver siguió leyendo.
"¡Pequeña, pequeña! ¿Estás bien?" Munger sigue con la mirada a La profe mientras esta baja las escaleras patizamba. Empieza a seguirla dubitativo, es una mujer de carácter. Ya no puede verla, sólo escucha sus pasos retumbar en el sótano, cuando Munger llega a la puerta, Carl le intercepta "¡Oye! ¿Ya habéis acabado arriba?" Munger señala hacia la puerta "Espera Carl..." El investigador lo coge por las solapas y lo pone de puntillas "Vuelve a decirme que me espere ¡Ten cojones a decirlo otra vez!" Munger le coge las muñecas y se queda con la boca abierta. Carl, relamiéndose en cada sílaba pregunta "¿Qué habéis encontrado arriba?" Munger mira la puerta, mira a Carl, va a decir algo y se vuelve a fijar en la oscuridad más allá de la puerta. Munger suelta la muñeca izquierda de Carl y golpea el anverso del codo, logrando que éste esté más cerca, atrapa el cuello del de Nueva York y golpea su cabeza contra la puerta abierta. Carl flojea en su presa, Munger logra escapar y la oscuridad se lo traga también a él, quizás para siempre.
The day of Cthulhu capítulo 23
La brisa agitaba el cabello de Adam Smythe mientras ataba una res por la cabeza a un árbol y por los cuartos traseros a otro. El animal, herido y asustado, era retenido por la criatura alada, clavándole sus afiladas patas y garras. El gran peso del animal no parecía ser un problema.
De entre unos arbustos Adam sacó un hacha y un cuenco. Clavó la destral sangrante en el suelo y recogió un cuenco lleno de líquido rojo humeante. Después comenzó la salmodia. Pasó por cada uno de los nueve monolitos e inscribió marcas cuneiformes, sílabas impronunciables para la voz humana, entre las nueve formaban el nombre de "Aquel cuyo nombre no debe ser pronunciado".
Se limpió los restos de sangre en el suelo y sacó un libro de un maletín. Volvió a la página que tantas veces había leído, repitió las palabras latinas, señaló cada una de las nueve moles e intentó pronunciar correctamente la invocación "He-ais-t'ha-uth-mugh-t'ha-iur-uth-ur" "Señor y custodio del Símbolo amarillo, Oscuridad errante de Aldebarán".
La noche estrellada, pasó a ser oscuridad, de repente no se veía nada, Adam quedó cegado y aterrorizado, sin embargo un resplandor comenzó a nacer. Las sílabas teñidas de rojo ahora despedían una luminiscencia fluorescente de un color indefinible que el ojo humano habría calificado de verde enfermizo.
Adam miró a un lado y a otro, observó a la vaca enmudecida, sangrante y cuyos ojos se salían de las órbitas mientras quedaba hipnotizada por el resplandor verdoso. Adam clavó las rodillas en el suelo, desorientado había despertado en medio de una claro en el bosque, en una oscuridad aliena a todo lo racional.
De repente lo comprendió todo, la locura de Margarite, la desaparición de las reses, no recordaba que les pasó a Hammet y al vagabundo, quizás fuera mejor así, pensó; el mundo ordenado se resquebrajaba ante él y su único deseo era salir de ese sueño.
Una docena de rayos se sucedieron. Cerca, muy cerca. Adam se cubría como podía y en cada uno de sus intentos, se veía atrapado, pues sus piernas las comandaba otra parte de su mente, un rincón primigenio y oculto que se había hecho con el control de su vida y que ahora, había llegado al fin de su ardid, como si de un Caballo de Troya se tratase. "Mr.Hide" había matado al "Dr.Jekyl".
Los árboles comenzaron una danza macabra al son del viento, que traía una música aguda.
Por encima de la ventisca se oyeron los gritos del pobre anciano, el terror de más allá de las estrellas llegó rodeado de las criaturas de pesadilla o "By-khee" como las llamaba el ajado libro que tenía frente a él. Aún con el temporal, las hojas no se movían.
Los By-khee volaban en círculos alrededor de la masa informe y tentacular, hacían picados y danzaban.
Adam no podía recordar los pasajes, pero sentía en su interior que todo lo indicado se había cumplido y la esperanza para la vida en La Tierra estaba perdida.
Uno de los Primigenios había retornado al que fuera su reino, una masa negra de una fluorescencia ya familiar; con tentáculos que bailaban y desaparecían, uno de ellos arrancó al pesado animal de entre las ataduras. Tal fue la violencia del ataque, que parte del cráneo, junto con tejido gris y piel, saltaron alrededor de Adam.
Los tentáculos, arrancaron los abetos y abedules centenarios como si de ramitas secas se tratara, giró sobre si mismo y se movió con endiablada rapidez, agitando todo aquello que había a su alrededor.
Por donde pasaba todo quedaba muerto con una forma que recordaba a su estado anterior, pero como si ahora estuviera compuesto por una ceniza gelatinosa, que al poco se acababa desmoronando y deshaciendo por efecto del viento, hasta que un manto gris cubrió la colina de Black-Knob.
Adam sollozó, gimió, gritó y rió.
Una carcajada monumental llegó hasta el pueblo hacía el que se dirigía la muerte alienígena que ahora se arrastraba colina abajo.
Los restos de la cordura de Adam Smythe habían desaparecido.
The day of Cthulhu capítulo 22
"¡O te callas o te abro la cabeza!" Espetó Carl.
Discutieron hasta que la mujer cogió a Charles Munger del brazo y subió las escaleras.
"¿Tienes fiebre? Dijo el médico que corrías peligro de coger una infección"
"Carl, hay algo ahí arriba...no les dejes subir, vayámonos de aquí"
"¿De que hablas, está Smythe arriba?"
"¡No! algo sucedió en esta casa. Se lo que le pasó a Margarite, creo que Adam Smythe son dos personas" aseguró Silver.
Carl le miró con escepticismo primero y con preocupación después.
"He visto lo que pasó. Lo he visto tan claro como si fuese la muchacha, pobre mujer...Carl, no hay que dejar que nadie..."
"Ya basta"
"Amigo, nos conocemos desde hace años. Lo que te digo es cierto como que hay Cielo e Infierno"
"Esas historias de fantasmas que lees te han afectado. ¿Conoces 'El Quijote'?"
"¡No te burles de mí! Se lo que he visto, y si no me crees ¡Puedes irte al cuerno!"
Carl le ayudó a levantarse "Tú y yo vamos a acabar con esto" La cara de Silver era un signo de interrogación.
"Como tú has dicho, somos amigos desde hace tiempo. Voy a ser tu Sancho Panza, te voy a ayudar a ver las cosas con claridad." Sentenció Carl.
Charles y La profe abrieron la puerta y se encontraron en el rellano de las escaleras que daban acceso al piso superior. La luz era escasa, aunque los fogonazos de los rayos iluminaban súbitamente la planta baja.
"¿Sientes eso?" preguntó ella. "¿La tormenta de ahí fuera? Sí, tengo palpitaciones" La profe lo miró como si fuera idiota y le hizo un ademán de silencio.
Accedieron a la planta superior, mientras la puerta del sótano se abría para dejar paso a los dos de Nueva York.
Charles seguía a La profe, ésta buscaba a tientas un interruptor.
El aire estaba cargado. Olía como si no se hubiesen abierto las ventanas en años.
Un rayo cayó cerca sobresaltándolos a los dos y mostrándoles el interruptor, La profe lo activó y las bombillas se encendieron durante un segundo antes de explotar.
"¡Dios!" exclamó Charles mientras retrocedía de nuevo hasta las escaleras.
La profe se pegó a una de las puertas. De repente una secuencia se fijó en su mente, estaba en el cuerpo de otra persona. Adam Smythe la sacudía como un pelele, sujetándola por los hombros. Lo veía hablar, era como si los sonidos llegasen a sus oídos, pero no a su cerebro.
Adam la ató a una silla en medio del pasillo, fue a su habitación y volvió con una llave, abrió una de las puertas y... la pesadilla, una criatura con el aspecto de una avispa del tamaño de un mastín y con el rostro convertido en un millar de prismas blanquecinos, su aspecto era quitinoso como el de una araña de tonos oscuros, con seis patas en mitad del cuerpo y dos tenazas cerca de lo que tendría que ser una cabeza.
Sintió perder la razón, Margarite gritaba hasta romperse la voz, Adam estaba a su lado y la obligaba a mirar, aquello era real, era la misma pesadilla que La profe visualizó en los nueve monolitos, había sido una sensación del pasado proyectada en su atormentada mente. El mundo no es como lo conocemos, el mundo se retuerce, oculta lo impensable, vivimos engañados, la pesadilla existe "¡Adam! ¿Porqué me haces esto? ¿Porqué me obligas a mirar?"
Charles vio a la profe asida a un pilar "Susan, pequeña ¿Qué te pasa?" tenía la mirada perdida y se mordisqueaba los dedos, mientras la sangre le empezaba a brotar entre jirones de piel. "¡Para! ¿Qué haces? ¡Contéstame!" gritó Charles
"¡Adam, no, no! ¡Aleja esa cosa de mí! ¡No, Adam, no me obligues a mirar! ¡No es real, no es real, no puede ser real!"
The day of Cthulhu capítulo 21
He conocido a un caballero de Nueva York, es un hombre educado y de muy buena posición, en cuanto me ha visto se ha quedado prendado de mi, lo he visto en su mirada. Es veinte años mayor que yo, pero me gusta como me escucha y como elabora sus respuestas ¡Es tan maduro! No como los idiotas del pueblo. Además ha visto mucho mundo, tiene una biblioteca muy variada y se le nota un nivel cultural altísimo.
Adam y yo cada vez nos vemos más a menudo ¡A veces estamos toda la mañana y toda la tarde juntos! ¿Cómo hemos podido estar separados tanto tiempo? Dentro de poco me pedirá en matrimonio, me ha insinuado que ya no puede estar sin mí.
...
Aprovechando el buen tiempo nos pasamos todo el día al aire libre. A veces paseamos y otras sacamos las tumbonas al jardín a Adam le gusta leer, mientras yo descanso. A veces ojeo alguno de sus libros, pero son aburridos, prefiero tomar el Sol.
¡Es increible! Al pobre de Sammuel Gray le han robado ya dos vacas, él que está hasta el cuello de deudas ¡Menos mal que está aquí mi Adam! Le ha dicho a Sam que vaya al almacén y coja los materiales que necesite para hacerse un cobertizo para que no le desaparezcan más.
Adam se ha ofrecido a pagarle las dos reses, pero el orgullo le a podido al bueno de Sammuel ¡Mi prometido es todo un filántropo!
...
Este hombre está obsesionado con ese cochambroso libro, se está convirtiendo en otra persona.
Tiene momentos buenos, en los que es el hombre más maravilloso, hablamos, paseamos... Pero de repente se pone ceñudo y no dice palabra, parece que le moleste mi presencia.
Esta misma mañana íbamos atravesando el bosque, dispuestos a almorzar, cuando encontramos un claro. Adam se quedó petrificado y tiró de mi, no me dio ninguna explicación, no quiso oír hablar de comer. Regresamos a casa, por mucho que le pregunté, no soltó ni prenda, apretó el paso y me clavó esa mirada perturbada que se le pone a veces.
Me senté en la mecedora sin dirigirle la palabra. Después subió a su despacho, que guarda cerrado a cal y canto, y desde entonces no he vuelvo a saber nada más de él.
Ha venido a disculparse, dice que esta noche me enseñará algo muy especial, se ha deshecho en elogios y me ha dado un abrazo. La verdad es que tiene un corazón muy dulce. Esto me recuerda porque me enamoré de él.
...
The day of Cthulhu capítulo 20
Un relámpago brutal iluminó la figura del investigador que descendía los primeros escalones, lo siguieron otros sonoros fogonazos más, era cómo si unos demonios se estuviesen divirtiendo en las nubes. El sonido era cada vez más ensordecedor, el viento rugía con tanta fuerza que se oía la casa quejarse. Los árboles cercanos hacían esfuerzos por no partirse y sus hojas volaban por los alrededores.
"¿Es que se han abierto las puertas del infierno?" Dijo Charles Munguer
Carl apuntó a unas escaleras que ascendían hacia la casa, se veía luz por el hueco de la escalera. El investigador les hizo a los otros un ademán de silencio, mientras desenfundaba el arma y apagaba la linterna, subió los escalones sigiloso, aunque la madera se empeñaba en crujir bajo sus pies. Miró por debajo de la puerta, había alguien al otro lado.
Apretó el pomo con fuerza, contuvo la respiración y con el hombro golpeó con fuerza para entrar con el cañón del arma por delante.
"¡Alto ahí!" Gritó nervioso. No esperaba encontrar allí a Silver, asustado, tumbado en el suelo, con signos claros de haber llorado. Enfundó el arma y le cogió de los hombros "¿Qué haces aquí, que te ha pasado?". Entre sollozos Silver intentó explicarle que había convencido al médico para que le llevase hasta la casa, al encontrar el coche de Carl y no ver a nadie, sacó la palanqueta del maletero y reventó la puerta del sótano. Aquello que lo había sobrecogido no se atrevió a mencionarlo.
The day of Cthulhu capítulo 19
"¿Qué me traes esta vez?"
"Lo que llevo entre las manos es una obra excepcional."
Smythe observaba atentamente el paquete envuelto en papel y atado con un sencillo cordel.
"Es único entre los libros arcanos."
Alargó la mano para coger el bulto. Mientras, el librero se recostaba sobre el sillón y disfrutaba del inicio de aquello que ya no tendría fin.
"¿Cómo dices que se llama?"
"La sagrada hermandad del símbolo amarillo"
Acarició el lomo con deseo, abrió la tapa y observó las palabras manuscritas. El Sr.Rice sabía que su cliente podía pasar una hora evaluando el texto hasta darle una respuesta.
Adam Smythe tenía los ojos bien abiertos y pasaba las hojas con avidez, aun cuando su dominio del Latín estaba algo oxidado.
¿Cuanto quieres?
Me alegro tanto de haberte encontrado
Marguarite sonrió mientras decoraba el árbol
Tengo algo que darte. Esto no lo trae Papa Noel.
Le mostró un cofrecito, lo abrió para que ella viese dentro un anillo dorado. Ella se llevó una mano a la boca y con la otra se tocaba el pecho.
¿Y bien?
¡Qué si, que si, que si!
"Cariño, estoy leyendo, ahora bajo." Dijo Smythe con una sonrisa.
"¿Porqué tengo que estar aquí sola? Siempre estás con ese asqueroso libro"
"Ahora bajo, preciosa"
Adam Smythe parpadeó dos veces "Arpía asquerosa..."
"¿Qué dices cariño?"
"Que vamos a dar un paseo al bosque"
"¿Ahora?"
"Coje tus cosas, nos vamos"
The day of Cthulhu capítulo 18
El panadero y el mar
Es duro trabajar de noche, pero la mente de Edgar no comparte el entusiasmo del resto por la luz del sol. Cuando el trabajo está terminado y los bollos, el pan y las caracolas están naciendo en el horno y llenando el pueblo de aromas que hacen rugir el estomago, es entonces cuando el padre de Edgar lo deja marchar hasta la playa durante un rato, hasta que haya que retirar la primera hornada y después de dejar preparada la segunda.
Sólo otro local está abierto, "La taberna del ahogado" junto al espigón, en su puerta solo hay un hombre entrado en años, con el hígado castigado de tanta ginebra.
El olor a mar sustituye al de pan con cada paso que el joven se acerca a las rocas. Quita el envoltorio del sándwich y se sienta junto a las olas rotas, dejando que las gotas le refresquen. De lunes a domingo el mismo ritual, desde hace cinco años ya.
Alguien ha dejado la caña de pescar olvidada. Edgar da otro bocado y recoge el carrete, en el anzuelo sólo queda la cabeza de un congrio, muy grande, con el resto del cuerpo mediría seis palmos ¿Quién pretendía pescar algo más grande que el anguiliforme con una caña tan normal? El joven buscó más pistas a su alrededor. Había una cesta con cebo. Sardinas, luego habían venido a pescar congrios y algún animal se había llevado la presa ¿Donde estaba el pescador?
Edgar se sobresaltó al soltarse una piedra y golpear contra las rocas, una figura humanoide se desplazaba a tumbos hacía él "¡Señor, señor! ¿Es suya esta caña?" no obtuvo respuesta, la figura portaba un objeto en la mano que no podía identificar, la última farola estaba lejos. El muchacho dio un paso inconsciente hacia atrás y tropezó cayendo al suelo; la figura seguía acercándose, un ojo de buey con el paravientos roto, todavía podía quedar aceite dentro. Hubiese agradecido ser fumador para llevar cerillas encima, aunque bien podía usar el objeto como arma si 'eso' seguía acercándose.
Conforme se acercaba la figura, se averiguaba mejor su perfil, estaba claro que llevaba un chubasquero y aquello que llevaba en la mano, ahora lo sujetaba con las dos. Y de pronto la luz "¿'tas' pescando?" el viejo de la taberna con un candil "¿'tas' pescando?" el mar se estaba picando más por momentos. Edgar intentó disimular su sobresalto "No, no estoy pescando" el sujeto metió su mano libre en uno de los bolsillos del chubasquero "He encontrado esta caña, pero no es mía ¿No habrá visto usted..." parecía sólo una botella, la cual llevó de inmediato a los labios, levantando exageradamente la cabeza para beber. Mantuvo el equilibrio como pudo y de milagro no acabó en el agua.
Con tanto movimiento, al joven le dio tiempo a coger el ojo de buey roto y observar como el viejo, con su bailoteo etílico, iluminaba el mar y el espigón entero. Entre las rocas pudo ver una navaja, una bota y un par de botellas rotas, pero que conservaban algo de líquido en su interior, posiblemente cerveza. Edgar empezaba a sospechar que el pescador no había tenido tanta suerte como el viejo y había acabado en el agua. Oteó a su alrededor, pero su vista se desvió de inmediato hacia las olas, a unos metros el mar burbujeaba, cada vez más "¿'tas' pescando?" se oyó a sus espaldas, se giró a tiempo para ver tambalearse al viejo por última vez. Se oyó un romper de olas bestial y una masa negra tan oscura que en medio de la noche se distinguía; golpeó la cabeza del viejo, haciendo que esta reventase contra el suelo, menos de un segundo después el tentáculo se enroscó al cuerpo como una anaconda abisal y se escondió en las entrañas del mar para no volver a aparecer.
Cuando llegó la luz, Edgar seguía sollozando con una linterna rota en la mano y otra frente a él, se había hecho sus necesidades encima y ya nunca más preparó pan o bollos en la tahona, sólo las caricias de su madre le hacían volver a la realidad por unos instantes "Iä Iä Cthulhu F'thang, que no esta muerto aquello que yace por siempre, mama"
The day of Cthulhu capítulo 17
Susan recogió el dinero que pudo, enterró los dos cadáveres que quedaban e intentó tragar tanto dolor como pudo, pero este desbordó y las lágrimas brotaron en la destartalada destilería. Había vuelto La Profesora.
Encuentran un Shoggoth en Alaska
Una mancha biológica de 19km ha devorado medusas y aves. Es una masa viscosa y oscura ¿Has leido "En las montañas de la locura"?
Nadie sabe qué es, ni de dónde viene. Hace algunos años esto fue más que suficiente para crear algunas de las clásicas películas de horror y ciencia ficción que hemos visto. Pero esta vez no se trata de algo sacado del cine, sino que existe en verdad. Una extraña sustancia ha aparecido en las costas del norte de Alaska. Esta sustancia, que se traslada flotando en el agua, ha formado varias manchas que en algunos casos posee un tamaño superior a los diecinueve kilómetros. Por el momento, lo único que se sabe es que no es algo hecho por el hombre, y que es algo negro y con apariencia de ser... pegajoso.
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Etiquetas: Cthulhu
The day of Cthulhu capítulo 16
"Will, nos vamos a encontrar el 'Símbolo amarillo' ese o lo que quiera que se esconda allí. No intentes levantarte." "Siempre cuidas de mí, soldado" Se estrecharon la mano y se despidieron.
El frío se había instalado en Black Knobb, había poca gente por las calles, los que se atrevían a salir iban cubiertos hasta las cejas. Tres figuras se dirigieron colina arriba en el vehículo de Smith. "Voy a ir a hablar con el patrón, quedaos aquí" "Ningún problema" dijo La profe desde el asiento trasero, mientras acariciaba la pierna de Munger. Al salir, Carl se dio cuenta de la complicidad entre ambos "Charles ¿Saben tu mujer y tu hija lo que haces cuando sales de casa?" Éste se enrojeció, mientras la profe le besaba el cuello.
"El desgraciado parece un santurrón"
Llamó a la puerta y esperó. Nada. Estaba echado el cerrojo. Miró hacia el coche y vio a los dos enamorados. Carl se sentó en el balancín del porche, había un revistero, en él encontró un libro con un marcapáginas.
Consiguió leer hasta la página 17, luego se hartó, llegó hasta el coche y lo sacudió poniendo a prueba la suspensión "¡Salid ya! El viejo no viene y me estoy congelando ahí sentado".
"¡Venid!" Charles señalaba un rastro claro de pisadas en la nieve. Anduvieron largo tiempo hasta un claro que se formaba de manera artificial. Los árboles habían desaparecido de raíz, en su lugar hallaron 9 monolitos alineados en forma de cuña, apuntando 20º más al norte de la casa.
"¡Dios mio! ¿Qué es esto?" -señaló Munger. Carl interrogó con la mirada a los otros dos, pero estaban tan estupefactos como él. Las nueve piedras se elevaban en medio del bosque, apuntando al cielo, dejándose acariciar por los copos de nieve. Se acercaron despacio, todavía estupefactos, preguntandose quien había elevado estas construcciones de un hombre y medio de altura, con que propósito y cuando. La construcción era reciente, de lo contrario, el pueblo entero se habría hecho eco del suceso. -Si sólo hubiese gastado unos dólares en una cámara- Se lamentó el periodista, mientras Carl y La profe examinaban los bloques de "cemento, ya se lo dije a Silver, el viejo había comprado mucho cemento ¡Y nadie vio las obras!" "¿Crees que ha sido Smythe?" "Fue su jardinero quien nos disparó, fue él quien mandó comprar tanto cemento para contruir esto" "Si todo esto es obra suya ¿Por qué nos ha contratado?" La profe tocó uno de los monolitos, inmediatamente apartó la mano con miedo y observó sorprendida como la imagen de la piedra comenzaba a turbarse y girar poco a poco, se apoyó en ella para no caer, ahora su respiración se agitaba y sus rodillas tocaron la nieve sin que sus manos se despegasen del monolito. Cuando sus compañeros se acercaron cayó definitivamente al suelo, llevándose las manos a los ojos y lanzando un grito espeluznante de dolor.
The day of Cthulhu capítulo 15
The day of Cthulhu capítulo 13
"¿Donde naciste, profe?" "En Nuevo México ¿Has estado alguna vez por el sur?" "No he salido apenas del condado... no te he notado el acento" "He viajado mucho" "¿Por qué te llaman 'La profesora'?" "Un día unos niñatos se reían de mí y les dije que les iba a enseñar educación, desde entonces todos me llaman así" La profe se sorprendió sonriéndole "¿Cómo te llamas realmente?"
Sonaron tres disparos.
"¡Soy el guardián del Símbolo Amarillo!" Apareció el antiguo jardinero de Smythe, vació el cargador de su revolver y recargó con intención de acabar con la vida los 3 intrusos.
Munger y la mujer se echaron junto a una roca, Silver se cubrió tras un árbol y desenfundó una 9mm de la sobaquera. La profe sacó un arma de mayor calibre, a Munguer le sorprendió ver a la mujer armada y con un arma tan grande.
La profe devolvía el fuego, el periodista se cubría como podía, de repente la sangre le salpicó.
Silver sujetaba el arma con las dos manos. Cuando le quedaban 2 balas en el cargador, el atacante cayó abatido por 3 impactos de bala. El investigador fue hasta el cuerpo para estar seguro de que un simple jardinero les había atacado sin motivo "Soy el guardián del símbolo amarillo" ¿Qué símbolo? ¿Estaba desequilibrado? ¿Qué estaría custodiando con tanto celo en medio del bosque?
Mientras la mujer se tapaba la herida del cuello, Munguer la examinó e intentó tranquilizarla, no era grave, pero "¡Uf! por los pelos".
Algo se movía entre la arboleda. Mientras guardaba el arma, Silver apreció una figura humana entre las sombras.
"El hombre desnudo", musitó mientras se levantaba del suelo. La figura salió corriendo y se inició una persecución.
"¿Donde está Silver?" preguntó La Profe mientras Charles le ayudaba a levantarse, éste oteó a su alrededor.
La criatura corría mucho más rápido que un Silver agotado. Después de recuperar el aliento, miró en la dirección donde se había escapado el "hombre desnudo", dio una media vuelta resignada y rehízo el camino de vuelta. Un momento después oyó el crujir de unas hojas, al mismo tiempo que se giró, recibió un zarpazo de dolor en todo el pecho. Ahora veía con claridad a la criatura, apenas quedaba algo de humanidad en ella, tenía el hocico alargado y la cara similar a una hiena, su cuerpo era velludo, las rodillas estaban giradas hacia su espalda, cómo las de un pájaro.
El monstruo mordió con fuerza el hombro izquierdo, aunque había intentado morder el cuello. Silver cayó al suelo, mientras trataba de liberarse de la presa con una mano, con la otra desenvainó el arma y le descerrajó dos disparos a bocajarro. La criatura auyó de dolor, la mano de Silver que intentaba liberar la presa, ahora estrangulaba; con el arma descargada golpeó el hocico.
La criatura apenas se inmutó, con ambas garras atrapó los brazos de Silver y consiguió situar una de sus patas en el vientre de Silver y desgarrarlo. Éste seguía golpeándolo con todas sus fuerzas, la criatura desgarraba, mordía y mantenía la iniciativa en todo momento. La sangre de Silver ya regaba el musgo, tenía las peores cartas. No llegó a ver a la otra criatura. Se oyeron tres disparos, el cerebro del monstruo se derramaba sobre el neoyorquino, apenas pudo ver la figura de Munguer con el revolver humeante que había arrebatado al jardinero, de una patada apartó a la bestia "¡Dios! Profe ayúdame a llevarlo a casa de Félix".
La mujer observó con desprecio como Silver luchaba por respirar "Me has fallado, como todos los hombres de mi vida".















