Cuando el Sergeant dejó la posada, Gabin cayó sobre la mesa. Hundido, vencido. Karina, con su pelo suelto y rojo como el fuego, se dirigió a él como un relampago.
Gabin se mesó el corto y canoso pelo que le quedaba.
Suspiró, como si con eso dijese mucho. Estaba a punto de llorar, pero no iba a suceder.
Karina tenía el corazón en un puño de verlo sufrir. Sabía que era un hombre fuerte, que había pasado más que nadie en su vida. Durante muchas noches, después de hacerle el amor apasionadamente, y siete de ellas, después de engendrar a sus hijos; él se había sincerado, poco a poco. Como una cebolla fue perdiendo sus capas para mostrarle su corazón, y cuando eso sucedía, lloraban. Frente a ella si que podía, en su intimidad, junto a la mujer que lo arriesgó todo por amarle.
Ninguno de los dos sabía si se refería, a seguir viviendo o a abandonar la tranquilidad que había encontrado hacía más de una década.
- Cuéntame que te ha dicho Omer, palabra por palabra.
Y obedeció tan bien como pudo.
Habían encontrado unos paisanos suyos, de la otra parte del mar y del mundo, habían venido del este y no se sabía a que. Lo único que podían decir es que estaban evaluando sus fuerzas, haciendo preguntas, averiguando todo lo necesario antes de realizar un asalto. Quien les había enviado y con que intenciones no consiguieron sacárselo. Y aunque los hombres de los caballos no eran castellanos, sabían torturar, lo único que hacía falta eran pocos escrúpulos y experiencia.
Uno de ellos tenía un documento encriptado, el más joven, el menos curtido. Le sacaron lo suficiente para poder descifrarlo.
"Enviad la información a Don Fernando Onrubia, al que encontraréis en Zamora. Marquesado. O bien a Don Alberto Saavedra, barrio de los segadores.
1- Localización.
2- Entradas y salidas para 3
3- tiempos"
Las dos personas a las que nombraban habían sido pupilos suyos en sus tiempos como mercenario. Alumnos aventajados que aprendieron a ganarse mejor la vida que yendo de una guerra a otra. Sobre todo Fernando, sabía moverse entre nobles, siempre había apuntado maneras. Alberto le sorprendía que siguiese vivo.
Karina intentó echarlos, pero Gabin se opuso - Es muy tarde para que se vayan, ve a prepararles la habitación grande.
-¡Ja! ¿Yo? Ni muerta, prepárasela tú que no has hecho nada por que se pongan de nuestro lado.
Karina desapareció en la noche.
Cuando Gabin acabó de preparar la habitación, bajó al salóm. Ahí estaba Jurgen, su suegro, tomándose una cerveza.
-¿Preparándote para coger el sueño?
-No, preparandome para lo que te tengo que decir
-Por favor, no. Ya he tenido bastante.
-Tranquilo, nuestras mujeres ya tienen caracter por nosotros dos. Cógete una jarra y vamos a dar una vuelta.
Jurgen salió fuera y esperó. Gabin salió con un pichel de vino y el fanal para verse en la noche. Anduvieron un rato hasta encontrar la higuera desde donde se veian los campos, ahora oscuros como el demonio. Jurgen apuró el trago y dejo la jarra entre sus pies.
Cuando yo tenía 14 años me alistaron en los jinetes pardos, no es que me gustase la idea, por mucho que fuese un chaval y nos llenaran la cabeza de conceptos como honor, valentía y esas cosas.
Yo quería estar con mi novia, que no es la bruja que conoces ahora, entonces era dulce y jóven - Dijo riendo- Yo era muy feliz. Y apunto estuve de mandarlo todo a la porra y largarme con ella. Pero cumplí con mi obligación, no por gusto, si no por que sabía que la paz que estabamos viviendo se debía en gran parte a que nuestros enemigos nos temian. Yo quería estar con los mios, pero también quería defenderlos. Así que cogí mi petate y me fui.
Fueron años duros, lejos de mi familia y de mi mujer, a la que sólo veía por unos días. Cada noche la amaba como si fuera la última y me llevaba ese recuerdo conmigo.
En un par de ocasiones casi no lo cuento, pero pensé que mejor sufrirlo yo que Marian o mis padres - Jurgen buscó a tientas la jarra, queriendo terminar el poso, Gabin le pasó el pichel. Después de pegar un trago, su suegro puso cara de insatisfacción ya que esperaba el sabor de la cerveza y encontró vino en su lugar.
Gabin suspiró - Cuando yo tenía doce o trece años me metí a mochilero en una compañia mercenaria. No pasaron ni dos meses hasta que me tocó cortar la primera garganta. Desde entonces no había parado de matar, siempre por dinero - Sacudió la cabeza como alejando esos pensamientos - dejé todo eso atrás el día en que conocí a tu hija. No sabes cuanto me cambió.
-Si que lo sé. Se quien entró a hurtadillas en la habitación de mi hija, hace ya doce años o así. Y se quien tengo delante. Oye, lo entiendo. Te juro que lo entiendo, pero que quieres que te diga, es el rol que nos ha tocado como hombres. Las tareas de ellas - dijo señalando con el pulgar hacía atrás- no son de buen gusto, pero las aceptan. He oído a mi hija chillar de dolor por cada parto que ha tenido. He temido por ella, cuando nació Edgar, pensé que la perdiamos, pero aguantó como una campeona. Esta es una tierra desagradecida y seca. Los débiles no duran mucho.
Gabin miraba al suelo - No, no lo sabes. Tu te marchaste a proteger a los tuyos. Yo era un asesino, un violador, un ladrón - Jurgen no se sorpendió mucho- Nadie me había querido nunca, nadie me había dado tanto. No sólo tengo miedo de no volver, lo que tengo miedo es de volver a despertar al lobo ¿Sabes a que me refiero?
Jurgen asintió condescendiente - En eso me temo que no puedo ayudarte mucho- dijo mientras se levantaba - Preocupate de los problemas que tienes ahora, y cuando estés ahí fuera saca a la bestia. Ya nos ocuparemos de matarla después.
Tomaron el camino de vuelta, cansados y taciturnos. Jurgen se invitó a quedarse con su mujer en la posada hasta su regreso y ayudar en lo que hiciese falta - Y no te preocupes por ese Omer, si se pone tonto, todavía tengo un brazo fuerte y una espada afilada para partirlo en dos si hace falta - dijo medio en broma.
Guardia en primera, cubriendo el lado izquierdo superior. Guardia en tercera, desviando bajo y a la diestra, sujetando la lanza con ambas manos. Firme, decidida. A fondo, una vez, dos y tres veces. Perforando casco, peto y faldón de un enemigo invisible.
Medio giro, restallando la lanza contra la sien de otro enemigo.
Karina practicaba sola, en medio de la oscuridad, unicamente rota por una antorcha clavada en el suelo, junto a una pequeña piedra de amolar. Vestía peto y faldón de escamas de bronce, bacinete cerrado con una cresta de puntas afiladas, simulando la crin de un equino.
Se había recogido el pelo en una trenza que le cubría la espalda. Cuando Gabin llegó, ella tiró el casco al suelo, con una mano asió la lanza y con otra la trenza y de un corte la dejó caer.
Era la mujer con el pelo más largo de la zona, su marido jamás había tenido que marchar. Cuando una mujer se quedaba sóla, se cortaba el pelo, para que no fuese un impedimento a la hora de defender su hogar.
Gabin atónito no supo reaccionar. Al momento llegó Jurgen resollando. Poco a poco, los aldeanos fueron saliendo de sus casas. Un grupo de mujeres los fue rodeando, todas armadas, desde la más joven en edad casadera, hasta la más anciana. Llevaban lanzas o arcos, según la tradición, las armas que toda mujer debía dominar.
Un salmo tomó la noche:
bajo la luz del día
siempre a la vanguardia
está el caballo y su barda.
con armadura brigantina.
Su escudo le da la vida
y su espada la quita.
en la oscura noche
y en el día.
escudo y espada.
Llegan a ella
arco y lanza.
Mientras tu guardas
nuestras vidas
nosotros guardaremos
a tu familia.
Que tus ancestros te guíen
en la oscura noche
y en el día.
Eres la última frontera
entre la muerte y la vida
guardanos caballero
hasta que termine el día.









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