Sangre y Sombras en las Minas Garlstone

lunes, 9 de marzo de 2026


Sangre y Sombras en las Minas Garlstone

En la profunda oscuridad de la antigua mina, solo disipada por la linterna de Dorian el mago, las flechas llovieron sobre los héroes. El grupo buscó cobertura tras un gran pilar de roca, pero Hilda, la anciana druida, se quedó paralizada sin saber a dónde acudir. Velter el explorador reaccionó a tiempo y tiró de ella, cubriéndola con su propio cuerpo.

Aquel movimiento instintivo los dejó rodeados antes de que pudieran advertirlo. Por el oeste llovían proyectiles mientras, de frente, un mercenario orondo blandiendo un mandoble se lanzaba contra Duri, el guerrero enano. Velter, el explorador semielfo, cargó contra el atacante dejando atrás a Hilda y Dorian, quienes se vieron sorprendidos por un par de saetas surgidas de la nada. La misma luz que los guiaba los convertía ahora en blancos fáciles.

El fragor de la melé

Dorian conjuró Sueño hacia la zona donde creía que se ocultaba su atacante. Si el hechizo tuvo efecto, no llegó a saberlo, pues un mercenario veterano y curtido le alcanzó con un tajo en el pecho. Mientras el mago retrocedía herido, Hilda se interpuso blandiendo su vara de roble. El golpe impactó en el costado del hombre, quien gruñó de dolor; solo su armadura evitó que sus costillas terminaran astilladas.

Al oeste, Velter se vio acosado por un soldado calvo que lanzaba estocadas certeras. El tipo era rápido, una exhalación. El explorador desenvainó su espada corta con la mano izquierda, pero ni siquiera con el estilo de dos armas lograba impactar a aquel adversario.

Por su parte, Duri castigaba con fuerza a su contrincante cuando sintió un impacto en la espalda. Su sólida armadura enana detuvo el golpe, pero ahora se encontraba emparedado: a un lado el mercenario y al otro un mediano de rostro hosco y gran bigote que buscaba sus puntos débiles.

Magia y desesperación

Al este, Dorian invocó de nuevo el tejido arcano lanzando dos Proyectiles Mágicos. El viejo mercenario soltó un alarido de agonía y, entre insultos y promesas de venganza, avanzó contra el mago. Dorian retrocedía a trompicones, esquivando golpes, hasta que tropezó con su propia ballesta. Solo los varazos constantes de su anciana amiga mantuvieron a raya al malhechor, obligándolo a defenderse y dar un respiro al mago.

Duri, mientras tanto, se revolvía contra sus atacantes. De un codazo frenó a un segundo mediano —un tipo sorprendentemente limpio y bien vestido— que intentaba apuñalarlo por la espalda. Al maldecir al mequetrefe, los otros dos enemigos aprovecharon el descuido para hundir sus armas en su carne. ¡Nada que la resistencia enana no pudiera soportar!

Velter y el líder enemigo se enzarzaron en un baile letal. El explorador empezaba a acusar el cansancio sin lograr herir a su oponente, pero aun así intentaba maniobrar para apoyar a Duri, que seguía superado en número.

El trágico final de Hilda

En el otro flanco, Dorian logró cargar su ballesta. Apuntó al mercenario justo cuando este asestaba una puñalada brutal a Hilda. La druida se dobló de dolor. Sin más conjuros en su haber, el mago apretó el gatillo con manos temblorosas; el virote golpeó un saliente de piedra y salió desviado. El mercenario ni se inmutó; ya tenía a la druida a su merced.

Duri logró finalmente partir a su rival de un tajo, sumergiéndose en una melé confusa junto a Velter contra los medianos y el líder. La situación era crítica hasta que la coordinación enemiga se rompió: el líder y el mediano elegante intentaron escabullirse, ignorando los gritos de su compañero que pedía cobertura. Duri aprovechó el caos y, de un hachazo limpio, le cercenó el brazo al mediano del bigote.

Sin embargo, al otro lado de la mina, el desastre era inevitable. El mercenario atravesó a Hilda de lado a lado. Se giró hacia Dorian riendo como un loco:

— ¡Ahora vas tú! —gritó señalándolo.

Cargó contra el mago dispuesto a terminar la faena, pero esta vez el virote de Dorian voló recto y se hundió entre sus ojos. El hombre se quedó petrificado, mirando el trozo de madera que sobresalía de su frente, antes de desplomarse pesadamente.

Epílogo de sangre

Duri vio al mediano huir hacia el norte mientras el líder calvo escapaba de Velter hacia el sur. El enano persiguió al tipo bien vestido, pero la pequeña criatura era demasiado rápida y se desvaneció en las sombras.

Dorian intentó desesperadamente taponar las heridas de Hilda con vendas, pero la sangre las empapaba al instante. Velter corrió hacia la mujer que había jurado proteger, pero no había nada que hacer. Las heridas eran atroces y no quedaba magia sanadora para cerrarlas. Allí quedó Hilda, sin vida, sobre la piedra fría de las minas Garlstone.



1 Comentarios:

Juku dijo...

Hilda y Vicenta siempre en nuestros corazones